Hacia el altar de la fe: La consagración del Sepultado
7:00 a.m.
En ocasiones anteriores, la salida de la procesión tanto del sábado de Ramos como del Viernes Santo, e incluso de las velaciones fueron un sueño truncado entre tráfico, desvelos y mala suerte. Siempre nos quedábamos a tan solo unos metros, escuchando desde el atrio el estruendo de las andas al levantarse. «La próxima nos venimos más temprano», nos repetíamos para no sentir el peso del desvelo.
Esta vez era diferente. El traje estaba impecable y los turnos listos. Estábamos preparados para cualquier cosa... excepto para la tormenta que nos esperaba por la tarde, pero esa historia se cuenta sola y merece su propio espacio.
Hicimos la fila desde temprano. Pasaron los minutos, las horas, y por fin las enormes puertas cedieron. La marea de gente caminó hacia adelante. De pronto, todo se detuvo. «No vamos a entrar», cruzó por la mente de uno de los dos. Pero la fila volvió a moverse. «En orden, por favor», nos dijo un hermano mientras nos guiaba a la derecha.
Y así, contra todo pronóstico, ¡entramos!
Caminamos unos veinte metros. No había espacio ni bancas libres, pero no importaba en absoluto. Minutos después, las luces y la acústica del templo hicieron lo suyo: un coro sublime que jamás olvidaré dio la bienvenida a la liturgia, mientras Monseñor Óscar Julio Vian Morales ingresaba directo al altar. Iniciaba una misa solemne, más larga de lo habitual, envuelta en cantos en latín, mantas rojizas de gala y el emblema dorado de los Cruzados del Santo Sepulcro.
No puedo explicar la sensación de estar ahí. Todo el recinto se sentía tan sagrado, tan ligado al cielo, que el momento nos marcó profundamente; no solo a nosotros, sino a cada uno de los fieles que lo vivían y sentían con el espíritu.
Finalmente, Monseñor se trasladó a un costado de la venerada imagen. Los santos óleos ungieron al Señor Sepultado y las cruces de consagración fueron colocadas en sus manos, pies y cabeza. Era un instante histórico, un día irrepetible y de una belleza inefable.
La misa eventualmente concluyó y los preparativos para el magno cortejo quedaron listos. Ya solo faltaba el Permiso Concedido...
Continuará...
