Lluvia de Bendiciones | La Consagración del Sepultado
06/11/2026
El Señor Sepultado yacía en su catafalco; las cruces de consagración brillaban en sus manos y pies. Mientras el anda procesional se acercaba, ambos tratamos de capturar ese instante con nuestras cámaras, pero la imagen y el momento nos absorbieron por completo. Bajamos los dispositivos y ese instante tan majestuoso quedó grabado solamente en nuestra retina y en la memoria.
El anda del Cristo de la Penitencia llegó finalmente a las puertas del templo y, bajo los acordes de La Granadera, Dios nos bendijo a los que estábamos dentro y a quienes esperaban con mucho júbilo en el atrio.
La imagen que representa a Cristo unos instantes después de su muerte, cuando sale en cortejo procesional, suele llevar consigo un ambiente fúnebre, de duelo y de conversión; pero esta vez era diferente. Si bien el cortejo llevaba sus sentidas marchas, el ambiente de la feligresía era de júbilo y alegría: su Sepultado finalmente había sido consagrado a Dios.
Pirotecnia, alfombras, honores, varias hermandades y asociaciones hermanas acompañando el recorrido, un sol que no terminaba de aparecer... El cortejo, convertido en fiesta, continuaba su andar. Pasamos por el Conservatorio Nacional de Música, Santa Catalina y San Sebastián, hasta llegar al Parque Central, mientras las nubes empezaban a juntarse más y más sobre la ciudad.
Los tiempos de Dios son perfectos; una vez terminamos de proteger los turnos, el agua llegó. Íbamos en filas, completamente detenidos en el cruce del Parque Colón.
El cortejo, tras unos minutos, siguió su recorrido. Al llegar a La Merced, la imagen ya se encontraba destapada; el sol volvía a aparecer y las flores llenaban las alfombras reconstruidas para el paso del Sepultado.
Si quieren saber hasta dónde llegamos caminando, les quedaré debiendo la historia. Después de soportar lluvia, frío, sol y viento, despiertos desde la madrugada, decidimos retirarnos del cortejo en algún punto del recorrido entre Santo Domingo y el Santuario de Guadalupe.
Al llegar a casa nos dormimos, satisfechos por haber llevado en hombros por primera y única vez al sepultado recoleto, mas tarde nos levantamos para ver la entrada del cortejo a través de otra página devocional. Un día tan esperado se esfumó en cuestión de un parpadeo; imágenes y memorias son lo único que quedan de aquella jornada.
Una lluvia de bendiciones nos acompañó a todos en su solemne consagración.


